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CRANSTON, RI. El pasado sábado 16 de enero, en Ralphs Catering & Kitchen se llevó a cabo La Fiesta Dominicana en honor a la Santísima Virgen de la Altagracia, madre espiritual del pueblo dominicano. La maestra de ceremonias fue Carina Monge. El Comité Diocesano Nuestra Señora de la Altagracia con su lema “Hagan lo que El les diga”, dio por iniciada la actividad de este Tercer Banquete anual con las palabras motivadoras de bienvenida y de agradecimiento por parte de su Coordinador General del Comité, Licenciado José Pimentel.
Por parte del Obispo de Providence Thomas J. Tobin, DD Diócesis, ofreció el mensaje la licenciada Aida Hidalgo, Directora de Asuntos Hispanos de la Diócesis. La bendición d elos alimentos estuvo a cargo del profesor José Fermín. A continuación el Grupo Folklórico Dominicano, compuesto por niños de la comunidad, ofreció una presentación de bailes típicos de la República Dominicana.
Durante la cena, se procedió a la entrega de reconocimientos, esta vez en la persona de la Señora Ada Terrero y Félix Rodríguez, por sus méritos y apoyo a la parroquia y al comité. Igualmente se le presentaron reconocimientos a Bernardo Reyes. Durante el Tercer Banquete Anual se presentó el homenaje al padre Raymond Tetrault, hombre que hace del sacerdocio un testimonio de vida.
También al Reverendo Jacques-Eddy-Chavannes.Como un grupo de hermandad y de fe en la Santísima Virgen de la Altagracia, el Comité Diocesano celebrará desde el 11 de enero la novena en su honor y culminará con una misa solemne, misma que se celebrará en la Parroquia de San Bartolomé, a las 7:00pm. Esta misa será presidida por Monseñor Antonio Camilo González, Obispo de la Diócesis de La Vega, República Dominicana.
Para mayor información 401-368-6955 / 481-5747 / 640-6115 / 575-7704 Al final de la cena, se dio paso al baile con Cristian La voz y su Conjunto típico.
Los objetivos del Comité Diocesano Nuestra Señora de la Altagracia son espirituales y de evangelización. Al igual que otros países que tienen sus advocaciones el comité busca estimular la formación de estas en el estado de Rhode Island.
Orígenes de la advocación a Nuestra Señora de la Altagracia Patrona de La República Dominicana
Tiene la República Dominicana dos advocaciones marianas: Nuestra Señora de la Merced, proclamada en 1616, durante la época de la colonia, y la Virgen de la Altagracia, Protectora y Reina del corazón de los dominicanos. Su nombre: "de la Altagracia" nos recuerda que por ella recibimos la mayor gracia que es tener a Jesucristo Nuestro Señor. Ella, como Madre, continúa su misión de mediadora unida inseparablemente a su Hijo. Los hijos de Quisqueya la llaman cariñosamente "Tatica, la de Higüey".
Existen documentos históricos que prueban que en el año de 1502, en la Isla de Santo Domingo, ya se daba culto a la Virgen Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de la Altagracia, cuyo cuadro pintado al óleo fue traído de España por los hermanos Alfonso y Antonio Trejo, que eran del grupo de los primeros pobladores europeos de la isla. Al mudarse estos hermanos a la ciudad de Higüey llevaron consigo esta imagen y más tarde la ofrecieron a la parroquia para que todos pudieran venerarla. En el 1572 se terminó el primer santuario altagraciano y en el 1971 se consagró la actual basílica.
La piedad del pueblo cuenta que la devota hija de un rico mercader pidió a este que le trajese de Santo Domingo un cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia. El padre trató inútilmente de conseguirlo por todas partes; ni clérigos ni negociantes, nadie había oído hablar de esa advocación mariana. Ya de vuelta a Higüey, el comerciante decidió pasar la noche en una casa amiga. En la sobremesa, apenado por la frustración que seguramente sentiría su hija cuando le viera llegar con las manos vacías, compartió su tristeza con los presentes relatándoles su infructuosa búsqueda.
Mientras hablaba, un hombre de edad avanzada y largas barbas, que también iba de paso, sacó de su alforja un pequeño lienzo enrollado y se lo entregó al mercader diciéndole: "Esto es lo que usted busca". Era la Virgen de la Altagracia. Al amanecer el anciano había desaparecido envuelto en el misterio. El cuadro de Ntra. Sra. de la Altagracia tiene 33 centímetros de ancho por 45 de alto y según la opinión de los expertos es una obra primitiva de la escuela española pintada a finales del siglo XV o muy al principio del XVI. El lienzo, que muestra una escena de la Natividad, fue exitosamente restaurado en España en 1978, pudiéndose apreciar ahora toda su belleza y su colorido original, pues el tiempo, con sus inclemencias, el humo de las velas y el roce de las manos de los devotos, habían alterado notablemente la superficie del cuadro hasta hacerlo casi irreconocible.
Sobre una delgada tela aparece pintada la escena del nacimiento de Jesús; la Virgen, hermosa y serena ocupa el centro del cuadro y su mirada llena de dulzura se dirige al niño casi desnudo que descansa sobre las pajas del pesebre. La cubre un manto azul salpicado de estrellas y un blanco escapulario cierra por delante sus vestidos.
María de la Altagracia lleva los colores de la bandera Dominicana anticipando así la identidad nacional. Su cabeza, enmarcada por un resplandor y por doce estrellas, sostiene una corona dorada colocada delicadamente, añadida a la pintura original. Un poco retirado hacia atrás, San José observa humildemente, mirando por encima del hombro derecho de su esposa; y al otro lado la estrella de Belén brilla tímida y discretamente.
El marco que sostiene el cuadro es posiblemente la expresión más refinada de la orfebrería dominicana. Un desconocido artista del siglo XVIII construyó esta maravilla de oro, piedras preciosas y esmaltes, probablemente empleando para ello algunas de las joyas que los devotos han ofrecido a la Virgen como testimonio de gratitud.
La imagen de Nuestra Señora de la Altagracia tuvo el privilegio especial de haber sido coronada dos veces; el 15 de agosto de 1922, en el pontificado de Pío XI y por el Papa Juan Pablo II, quien durante su visita a la isla de Santo Domingo el 25 de enero de 1979, coronó personalmente a la imagen con una diadema de plata sobredorada, regalo personal suyo a la Virgen, primera evangelizadora de las Américas. Juan Pablo II también visitó a la Virgen en su basílica en Higüey |