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Carlos Mario Cortés Rincón
La semana pasada (18 de agosto de 2011) la revista Dinero presentó los doce (12) íconos o productos colombianos más exitosos del mercado en el país, según un estudio de Marketing Metrics y la Universidad de Wharton (Pennsylvania). Algunas de las condiciones para acceder a tan honorífico reconocimiento fueron: estar a la moda por más de cincuenta años, tener cobertura nacional, ser líder en su categoría, lograr recordación en diferentes grupos de edad, ser 100% de origen colombiano y costar menos de cinco mil pesos ($5.000). Entre una selección de más de mil productos fueron escogidos como clásicos de la industria colombiana: Cerveza Águila, Bon Bon Bum, Chocoramo, Colombiana (gaseosa), El Tiempo, Papel Higiénico Familia, Salsa de Tomate Fruco, Chocolatina Jet, Kumis Alpina, Margarina la Fina, Papas Margarita y Cigarrillos Piel Roja. Según la revista, el estudio completo se presentará en noviembre próximo y tiene como objetivo medir la condición del mercadeo en Colombia, bajo la idea de comprender y visualizar el poder de los productos y su posicionamiento comercial.
En verdad estas marcas y otras más, algunas de ellas no nacionales, tuvieron mucho que ver en el derrotero ciudadano de miles de compatriotas. Como olvidar aquellos familiares, paisanos o amigos a quienes no les faltaba la cajetilla de cigarrillos Piel Roja en su bolsillo o cartera, y, como se trata es de recordar vale la pena decir que al principio estos cigarrillos los vendían sin filtro y aunque años más tarde les pusieron filtro, los habituales fumadores los preferían original. En la libre competencia por la contaminación, había quienes consumían President, Imperial, Parliament, Camel y otros más, los cuales tenían un precio más módico. Quienes tenían mejor poder adquisitivo fumaban Marlboro, Kent u otros cigarrillos importados; como las candelas a gasolina eran costosas y a la vez elegantes, muchos preferían utilizar fósforos El Rey. Ah, decían que el Lucky era para los jibaros.
Siguiendo con los recuerdos de aquellos productos exhibidos en la tienda de la esquina donde “Pacho”, vale la pena recordar las mecateadas donde la reina de las bebidas, la Colombiana, se acompañaba de un buen pan, un cuarto de quesito y un pedazo de salchichón, de no haber Colombiana, se podía pedir una Carta Roja, un Premio, un Tamarindo o hasta una Castalia. Como no existía la preocupación por la figura, el colesterol o el azúcar, algunos preferían algo más dulce como una Lecherita, un bocadillo de guayaba, una Chocolatina Jet pequeña o una Jumbo con maní. Infaltables en las reuniones y/o “rumbitas” los Chicles Adams, la cajita con pasas, las almendras o los llamados confites de aguardiente. Quien no tenía para comprar un Bon Bon Bum, podía comprar un Chicle Noel, el cual igualmente servía para hacer bombas grandes. Con la astucia del mercado, las Papas Margarita desplazaron lentamente a los famosos chitos y los gudiz de colores. Y… después de tanto mecato y un fuerte dolor de estómago, nuestras madres nos daban una pastilla de terramicina para la diarrea.
En algunas casas no faltaba la mantequilla La Fina, la cual mantuvo por mucho tiempo su singular empaque y aquella canción de sonoros estribillos que tararearon muchas generaciones. Un poco más “cachesuda”, la Salsa de Tomate Fruco sirvió para variar un poco aquel menú tradicional de sancocho, mondongo, frijoles u otras comilonas, la idea era acompañar el arroz y cambiarle el color. Ante la variedad de productos que ofrecía el mercado de los años ochenta y conociendo las bondades gastronómicas del Ponqué Ramo, algunos alternaron su algo o merienda de mazamorra con panela por un Chocoramo con leche. En los días de parranda no faltaba la cerveza bien fría, y después de una buena borrachera no importaba la marca, daba igual una Poker, Pilsen, Club Colombia… o mejor un aguardiente o un ron. En algunas casas se tenía la costumbre de leer periódicos, entendiendo que El tiempo siempre ha sido capitalino, las provincias se acostumbraron a leer otros periódicos como: El Colombiano, El Espectador, El País, La Patria, etc. En cuanto a los lácteos, debe saberse que éstos eran muy escasos y costosos, con decir que para comprar un litro de leche se debía madrugar y hacer largas filas, de ahí que los yogures o Kumis hicieran parte de los estratos altos. Para el aseo de la casa no faltaba el Jabón Rey o la Jirafa, el Fab, Top y el blanqueador el Indio. Indiscutiblemente El Papel Higiénico Familia, fue reemplazando otras marcas más populares.
Sin saberse cuando las firmas tradicionales fueron desplazadas por otras, inundando el mercado y cambiando los hábitos de consumo de los colombianos. Si el mercado ha cambiado sin haber firmado el TLC (Tratado de Libre Comercio) con los Estados Unidos de Norteamérica, como será cuando se firme y se interactúe con otros mercados mundiales, lo mejor será decirle adiós a la Avena Quaker y la Emulsión de Scott. |