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Aquellos disfraces de Halloween |
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Aquellos disfraces de Halloween
Por las calles polvorientas de los barrios empinados de la ciudad, desfilaban en los años setenta los más insólitos, curiosos y llamativos disfraces, la creatividad de niños y jóvenes desbordaba todo límite, de cualquier trapo, papel o tira, salían los más vistosos vestuarios, máscaras o antifaces. No faltaba quien cogiera prestado del escaparate del abuelo o del papá un saco grande con su respectivo pantalón, el cual rellenaba de trapos viejos hasta quedar muy parecido al muñeco de año viejo. Igualmente el derroche de inventiva y/o imaginación, transformaba el papel globo de diferentes colores en un atuendo de indio, disfraz típico y tradicional de las noches de Halloween, tampoco faltaba la niña que sacándole jugo a su vestido de primera comunión se vistiera de reina, hada o princesa. En esos años maravillosos eran populares las gitanas, campesinas, viejitos, rockero, travestis y bobos, entre otros disfraces; todos hechos en la casa. Era muy poco el dinero que invertía quien quería tener la indumentaria para la noche de las brujas.
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Carlos Mario Cortés Rincón
Haciendo memoria y teniendo la historia como mi principal aliada, quiero recordar hoy tres momentos históricos importantes que determinaron etapas significativas de la vida nacional. En ellos, tres hombres aguerridos sacrificaron sus vidas por ir en contra de las injusticias, desfachateces y/o violaciones a los Derechos Humanos de parte de civiles y del Estado. Cronológicamente, el primero de ellos fue José Antonio Galán, un campesino santandereano nacido en el pueblo tabacalero de Charalá, quien en el siglo XVIII fue reconocido como el principal líder de la “Revolución de los Comuneros”, con la cual quiso defender vehementemente los derechos de las etnias indígenas. A sus escasos 33 años fue sentenciado a muerte y ejecutado por revolucionario, su ideario político empezó a germinar la llamada independencia del 20 de julio de 1810.
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Por Carlos Mario Cortés Rincón
No siempre se puede asegurar que “todo tiempo pasado fue mejor”, pero en este caso parece que sí. Admitiendo que los años han marchitado mi piel y que el escaso cabello que me queda nace blanco y débil, puedo decir con orgullo que disfruté al máximo de niño y adolescente los años sesenta y setenta del siglo pasado. En aquella época el respeto y la sencillez hacían de las fiestas algo inolvidable donde la gente se reunía sin miedos ni prevenciones, cualquier motivo o excusa era válido para “hacer un baile”, fue así como en los diciembres las fiestas pululaban, siendo frecuentes los grados, los matrimonios y las primeras comuniones en las que el niño de cachaco y la niña con su vestido blanco y largo, repartían torta y vino a los vecinos de casa en casa, mientras papá y mamá guardaban los muebles y desbarataban algunas camas asegurando la pista de baile. Ya en la fiesta, no faltaba el sudado de pollo acompañado con su tacita de consomé y de unos ricos pasa bocas caseros, elaborados delicadamente con trocitos de bocadillo con quesito ensartados en palillos para dientes. Pasó el tiempo y los hábitos tradicionales se fueron desvaneciendo dando lugar a fiestas etiquetadas y frívolas, donde las comidas raras y las costumbres importadas, hacen que la gente se comporte y se sienta diferente. Lo que antes se hacía en la casa hoy se contrata en lujosos salones.
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Carlos Mario Cortés Rincón
Hace pocos días la prensa nacional en Colombia viene dándole un amplio despliegue a la noticia sobre los carteles de la contratación y la corrupción rampante que circunda por la alcaldía de Santa Fe de Bogotá, la ciudad más importante del país y la que nos da parte de nuestra imagen a nivel internacional. La Fiscalía General de la Nación acaba de anunciar una investigación en contra de un Representante a la Cámara recién electo, una lista de contratistas y el Contralor de Bogotá, quienes sin sonrojarse ante los medios de comunicación, salen a decir y desmentir que la llamada interceptada donde ellos negocian una coima por dos mil trescientos millones de pesos es falsa. Verdaderamente estos políticos corruptos perdieron la vergüenza y no se cansan de robarle de frente a los ciudadanos que un día los eligieron, Estos “señores” nos atracan y nos roban más que los hampones comunes, sin hacer un solo disparo y sin mostrarnos tan siquiera una navaja o cuchillo.
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Por Carlos Mario Cortés Rincón
Dicen algunos… tal vez por ignorancia, por pereza mental o por estrategia que los votos en blanco en un proceso electoral se le suman al candidato ganador. “Falso de toda falsedad”, en ninguna parte de la legislatura colombiana está escrita semejante afirmación, el voto en blanco es una posición política con la cual los ciudadanos pueden demostrar el inconformismo existente frente a los candidatos que se postulan y por quienes no se tiene simpatía alguna. Es considerado un instrumento válido y dotado de capacidad jurídica a diferencia de los votos nulos o la abstención; el voto nulo o no válido, aquel en el cual se rayan varios candidatos, se escribe o se hacen figuras en algún lado del tarjetón sin tachar el recuadro, se perforan o cosas semejantes, no son tenidos en cuenta a la hora del conteo y mucho menos interpretados como una contestación o rebeldía de los ciudadanos. Igualmente la abstención no tiene efecto político, quedarse en la casa y no votar como señal de protesta no tiene efecto, basta con analizar la situación colombiana donde la abstención en algunos casos ha sido superior a un 50% y los elegidos se posesionan y gobiernan igual.
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